dilluns, d’agost 30, 2010

Tornen els cronopis



 El meu amic Bandini que alguns dels meus enemics de via estreta pensen que sóc jo (què més voldria) ha vist publicats tres relats a les pàgines especials d'estiu del Diari de Tarragona. el seu doll poètic és tant intens que les seves cròniques no es poden beure d'un glop. s'han d'anar assaborint com un gran reserva. Aquí teniu la visió del seu estiu.

 Este verano
Ramon Rodriguez Guasch
Julio se mira, con un telón de azufre en las pupilas, las arrugas de las manos. Restos de incendios con olor a sangre de ladrillo, ceniza de pólvora mojada, arañazos en la piel de los relojes. Cicatrices que aúllan canciones del verano, lágrimas con sabor a vino tinto y Casera, humedad en los huesos de un amor con billete de vuelta. Madres custodiadas por ventiladores en la puerta de la cocina, toallas secando sus vértigos en la barandilla de los balcones, maridos armados con brochetas y gafas oscuras. Jóvenes alimentando melanomas, rastrillos que despeinan las orillas, patines con ruedas de plomo sorteando mareas y preguntas. Mercadillos y náuseas, sevillanas bailando en el vaivén de un abanico, toreros de Caprabo en la sección problemas. Despedidas y cierres, atascos de recuerdos en los peajes, pesadillas a dos horas de distancia, siete kilómetros y treinta grados. Cayucos con sal en las venas, japoneses de metro cincuenta jugando al baloncesto, bravas y pulpo a la gallega frente al malecón de mis últimos sueños cumplidos. García Montero en la mesita, hora catorce y un café que se repite en los latidos de mis sienes…
Un extraño temblor de manos amanece con resaca bajo las escaleras de un portal, muerto de miedo. La sal se acumula en las orillas de esa playa, en forma de castillos en ruinas y de huellas perezosas, y la sangría que refresca gargantas disecadas, mirada en alto, televisor encendido. Desde aquí abajo es imposible dar cuerda a los relojes, las manos no alcanzan el revés del calendario, declarado en huelga de hambre mientras sigan tus rodillas con los pies tan en el suelo. El mes de julio se preña del rugir de los mosquitos, del sabor a after-sun de los besos en la mejilla, de la lengua que tropieza en las migas de unas cuerdas de guitarra. Todo ha cambiado tanto que no ha cambiado nada, noria horizontal y algodón del azúcar que recogen las yemas de tus dedos, enredadera de aserrín bajo los párpados. El rapé solapa el olor a fritanga de las terrazas, los teléfonos apuntalan ausencias, la memoria disfraza despedidas a prueba del aliño del sudor de mi frente. A lo lejos, fuegos de artificio apuñalan la calma de un verano con sobrecarga de orquestas y verbenas, de noches en vela y mañanas a oscuras, de tardes con hollín de pesadilla. Los aires acondicionados marcan el ritmo de una marcha fúnebre con vistas a una lágrima, de una conga amotinada frente a las puertas del desván de tu silencio. Y, en mitad de todo esto, yo me froto el interior de las uñas con el carmín de una cereza, me miento en los papeles provocando sonrisas en una fiera que mira, desde hace ya demasiado tiempo, para otro lado, te rezo mi colección de palabras lijadas...y me encomiendo frente a este rosario de insomnios para no perder las ganas de seguir despierto…
El mundo, con los ojos fijos en el televisor, alimenta su desgana a bocados de hierba y de balones. Se derriten las gafas de sol del hombro de vendedores llegados del desierto, calmando la sed con agua de una fuente adornada por el moho de la saliva de los niños. El aire huele a Nivea y a gazpacho en tetrabrick, a latas de desidia en escabeche y a arañazos de cerveza en los mentones. En el suelo, marcas de pólvora inocente, restos de bengalas insomnes que arremeten contra el sudor y las legañas. Abren los chiringuitos su escaparate de agujas de reloj con anorexia, mostrando las estrías de una piel aclimatada a la ausencia de caricias a deshora. El café se acomoda al tacto de unos cubitos de hielo con espinas del ardor de los diarios, que anuncian altos al fuego a cambio de mirarse los tobillos y recuentan las familias que se estrellan cada día en la cuneta. Los amantes redactan sus mentiras en servilletas de papel, las mañanas se cuelgan medallas en honor a los sueños caídos, y un millón de adoquines desprendidos de mi espalda dejan entrever la señal de tus puñales. Pero nada importa, tus manos juegan a apostar al tiempo que tardará mi venda en desprenderse, tu frente redime sus culpas a golpe de pomada contra la memoria, tus piernas escapan de mi acera caminando a dos palmos del suelo. Julio se mira, con un telón de azufre en las pupilas, las arrugas de las manos...pero nada importa. Gol de España.

5 comentaris:

Bandini ha dit...

Favor que usted me hace.

Moltes gràcies

lunazul ha dit...

Gracias, Mèlich :)

el Mèlich ha dit...

Estimada Palmira, gràcias por tu asiduidad a esa modesta casa que sólo se enriquece con las letras de Bandini.
¿Cómo te va la nueva esclavitud? Lo llevas bien?
Besos
Mèlich

lunazul ha dit...

Sabes que ese exclusivo enriquecimiento del que hablas no es algo cierto. Lo que sí me pasa es que tengo oxidado el catalán y el vicio de entrar a los espacios amigos. Pero me estoy recuperando, no te creas. Ya sólo me falta ponerme las pilas y comenzar la siembra, siempre me ha gustado el otoño.
Con respecto a la "nueva esclavitud"... uno sólo es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice. Pero como te refieres a mi ya no tan nuevo matrimonio, comentarte que ya llevo un añito y todo bien. Exactamente igual que antes, vamos. Cuando no se producen cambios significativos en una relación de pareja nada tiene por qué cambiar por una firma, no? ;)


Un abrazo gordo, cielo. Espero que todo bien por allí :D

Aura ha dit...

Oleeeeeeeeeeeeeee... ya tocaba. Entre tanto politiqueo, mantas, tops, ONGs, facebooks y no sé cuantas "mendas" y otras "lerendas" pensaba que te habías oblidado de los cronopios. Que bueno, que de vez en cuando, todavía asomen sus letras.
Se echaban de menos.

Per cert, quan una de doctors?

Salutens

Pd. El relat, molt maco...